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Jesucristo y los 12 pasos.

Doceavo PASO

 

"Habiendo conseguido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otros alcohólicos y practicar estos principios en todos nuestros asuntos."

 

 

“Dad de gracia lo que habéis recibido de gracia”

 

ESPERANZA  se traduce como esperanza en el Antiguo Testamento Se refiere a una cosa o un acontecimiento que se espera, que está en el futuro. Job decía que “si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán” (Job 14:7). Dios, en su gracia, ofreció al hombre “preciosas y grandísimas promesas” (II P. 1:4).   Es, entonces, la voluntad de Dios que esperemos en él, con la confianza de que cumplirá lo prometido. Por eso en los Salmos se dice que “de él [Dios] es mi esperanza” (Sal. 62:5) y que él es la “esperanza de todos los términos de la tierra”(Sal. 65:5).  En las epístolas, la esperanza se presenta siempre como el resultado de la soberanía de Dios y el señorío de Cristo sobre todas las cosas. Tenemos la “esperanza de salvación” (I Ts. 5:8); “la esperanza de la justicia” (Gá. 5:5); “la esperanza de la vida eterna” (Tit. 1:2). Los creyentes serán hechos semejantes a Cristo (I Jn. 3:2–3), por lo cual se dice que él es la esperanza misma (I Ti. 1:1), que es una “esperanza de gloria”   (Col. 1:27). El “Dios de esperanza” llena de “todo gozo y paz en el creer” a los cristianos para que abunden en “esperanza por el poder del Espíritu Santo”  (Ro. 15:13). 

 

La gente que no cree en Dios, en cambio, son señalados como “los... que no tienen  esperanza”    (I Ts. 4:13). La Palabra nos dice de los que no confian que  estaban “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Ef. 2:12), pero “Dios nuestro Padre... nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia” (II Ts. 2:16). 

El ser participantes de esa esperanza es lo que permite a los creyentes perseverar en la fe, aun en las situaciones más duras. Y es, también, lo que les incita al amor y las buenas obras, sabiendo que su trabajo en el Señor “no es en vano” (I Co. 15:58). 

 

En varios lugares, los escritores del Nuevo Testamento citan los pasajes del Antiguo Testamento que se refieren a esperar en el Señor, Mt. 12:21; Ro. 15:12. De acuerdo con Pablo, no deberíamos poner nuestra esperanza o confianza en las riquezas, I Ti. 6:17. En Romanos 5:2 dice a los cristianos que se regocijen en la esperanza de la gloria de Dios,  la esperanza no significa únicamente “deseo”. Sólo una expectación confiada o confianza produce gozo; el desear algo no significa obtenerlo, esto produce ansiedad más bien que gozo pero la esperanza cristiana es una esperanza que nunca nos decepcionará, Ro. 5:5. 

La esperanza se dirige hacia el futuro. Una vez que recibimos lo que esperamos, la esperanza termina, Ro. 8:24. Por lo tanto, el último foco de la esperanza cristiana es el regreso de Jesús, Tit. 2:13, la resurrección de los muertos,   Hch. 23:6; la salvación final de Dios de su pueblo, y la vida eterna resultante en una creación restaurada, Ro. 8:20,21; Gá. 5:5; Ef. 1:18; Tit. 1:2; 3:7. En este punto, viviremos en la gloria eterna, centrados en JesuCristo “la esperanza de gloria”, Col. 1:27; I Ti. 1:1. La esperanza cristiana es fortalecida por las Escrituras, Ro. 15:4, por la obra de Jesús,        I P. 1:3,21; y por el don presente de Dios del Espíritu a los creyentes, Ro. 5:5. Dios quiere que usemos la esperanza alrededor de nuestras cabezas como un yelmo, I Ts. 5:8, y estar prestos en todo tiempo para compartir nuestra esperanza con otros, I P. 3:15. Por contraste, aquellos que no tienen a Dios en sus vidas, no tienen esperanza.

 

Hch. 26:6,7: 2la esperanza de la promesa (esto es, el cumplimiento de la promesa) que hizo Dios a nuestros Padres”; 

 Ro 5:2: “la esperanza de la gloria de Dios”, esto es, como en Tito 2.13: “la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.

I Ts. 5:8: “la esperanza de salvación”, esto es, el arrebatamiento de los creyentes, que tendrá lugar al iniciarse la parusía de Cristo; 

Ef. 1:18: “la esperanza a que Él (Dios) os ha llamado”, esto es, la perspectiva ante aquellos que responden a su llamamiento en el evangelio; 

Tit. 1:2 y 3:7: “la esperanza de la vida eterna”, esto es, la plena manifestación y goce de aquella vida que ya es posesión del creyente; 

 

La esperanza del cristiano tiene por objeto poseer los bienes del reino de Dios que son presentes y futuros. Ro. 8:17,24; II Co. 4:17; Ef. 2:12; I Ts. 4:13.  La esperanza es un estado de ánimo en el cual podemos ver que lo que deseamos es posible. Es una virtud  por que está puesta y es de Dios, Esta nos mantiene firmes por la certeza de que nos dará los bienes que nos ha prometido. La esperanza provoca un pensamiento crítico sobre el pasado y el presente. Conoce la crisis pero se aferra a la promesa divina. Está estrechamente ligada con la fe, en ocasiones va paralela. Sal. 78:22. 

El hombre piadoso puede llamar a Dios su esperanza. Jer. 17:7; Sal. 71:7.  La esperanza nos pone en aptitud de soportar las aflicciones del presente, Ro. 8:25;    I Ts. 1:3, y nos estimula a trabajar diligentemente I Co. 15:51-58, y a luchar para lograr la semejanza a Cristo. 

 

“Dad de gracia lo que habéis recibido de gracia”

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